16.5.06

UN VAGABUNDO EN BUSCA DE EXPLICACIONES

Lew Archer según el plumín de un dibujante japonés.

No hay otra escapatoria que ir y ver de qué se trata ese mero único problema formal y constatar si lo es. Miles Archer fue asesinado en el invierno de 1929, en un oscuro callejón de San Francisco, cuando aparentemente iba en seguimiento de un sospechoso de nacionalidad inglesa. El impacto que lo borró de esta vida salió de una pistola automática, calibre 38 y fabricación británica. Le produjo una muerte instantánea. Y fue tan literalmente a quemarropa que el fogonazo del disparo le chamuscó el abrigo a la altura del pecho. Pero la prenda estaba totalmente abrochada, lo que indica que había sido:

(a) sorprendido de la manera más estúpida del mundo o

(b) llevado a una cobarde encerrona con un señuelo más que trayente, ya que era un hombre de mucho oficio y la abotonadura total del abrigo se constituyó en el indicio de que ni había intentado manotear el arma que calzaba en el cinto.

Hubo también otros dos evidentes interrogantes. El primero: bajo qué artilugio pudo ser arrastrado a semejante ratonera. El segundo: por qué el arma asesina había sido arrojada junto al cadáver, prueba fehaciente de que o era una torpe obra de iniciados o un cazabobos para despistar neófitos.