EL ENGAÑO DE LAS APARIENCIAS

Pero no fueron los únicos en acunar tamaña posibilidad. Iva Archer, la flamante viuda, se lo dice directamente a la otra mañana, en un apasionado tête a tête cuando va a verlo a la oficina que todavía, de alguna manera, sigue siendo de Miles y Sam. Incluso llega a dar el móvil: para casarse con ella, ya que viven un oculto y ardiente romance adúltero, aunque acá habría que preguntarse hasta dónde oculto: “A la larga todo se sabe”, mantendrá como una de sus grandes máximas operativas, durante su carrera, Lew Archer...
La secretaria de Sam discrepa: cree, por la actitud sospechosa de la que fue testigo, que la autora ha sido Iva. Móvil: el mismo, pero al revés. O sea, limpiar el camino para casarse con Sam, el asediado seductor.
Quitada de encima la viuda con vagas promesas de que la visitaría a la brevedad, como única y total respuesta a los acontecimientos, el inescrupuloso detective privado le ordena a la empleada que retire de la puerta de entrada el cartelito que dice Archer y Spade y que lo reemplace por otro, mucho más escueto y adecuado a la realidad, que diga Sam Spade solamente.
Al comienzo